viernes, 18 de marzo de 2011

Volver a empezar


Cierto día un hombre tomó la decisión de trabajar su parcela de tierra, así que salió temprano, renovado, con mucho ánimo e ilusión. Preparó su herramienta y comenzó a limpiar la tierra que ya el tiempo había maltratado un poco. Él estaba decidido a llenar su terreno de Frutos, flores... llenarlo de vida y color.

Comenzó a trabajar convencido de que pronto su parcela se convertiria en algo más, en su energía, en su orgullo, quizás en su vida misma. Alistó la tierra y colocó cada semilla con amor y pasión, pero era mucho trabajo para una sola persona, así que decidió esperar a que llegara alguien que le pudiera ayudar.

 Nunca dejó su sueño de lado, aunque aún nadie llegaba, el salía cada mañana a admirar su terreno, a trabajar hasta donde sus posibilidades le permitían, siempre se mantuvo pendiente de que su tierra estuviera lista para que, en cuanto llegara la otra persona, ambos trabajasen juntos.

Un día, el que menos imaginó, llegó la persona y  ella, sin más , le propuso trabajar juntos con el fin de llenar de vida esa parcela, así que tomaron su herramienta y con amor y pasión siguieron preparando el terreno, colocando semillas... hasta que terminaron.

Ahora juntos tendrían que esperar a que aquello que sembraron surgiera de entre la tierra y llenara sus vidas de color y emociones. Cada día regaban juntos, cuidaban su sembradío... parecía que su trabajo se recompensaría con aquello que ese hombre había soñado y con lo que ahora también la otra persona soñaba. Su sueño compartido se haría realidad.

De pronto los días dejaron de ser buenos, comenzó una sequía que no les permitía cuidar de la misma forma la tierra, el agua era insuficiente... ambos se esforzaban, pero no pudieron hacer mucho. Ella se cansó y se fue, él siguió esforzandose por salvar el trabajo de ambos, pero  muy poco pudo hacer.

La cosecha era mala, nacía mal tratada, seca... sin vida ... mucha ni siquiera nació. Así que aquel hombre tomó una decisión más... fue por su herramienta y empezó a quitar todo aquello que sembró, le dolía retirar la fruta y las flores marchitas, pues cada una fue colocada en su lugar con la ilusión de verla crecer.

Ahora mismo él sigue trabajando, con la firma convicción de dejar limpia y lista la tierra para, algún día, volverla a sembrar.



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